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Al Qaeda cambia las reglas del juego para liberar a los cooperantes. Març del 2010. |
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El Gobierno, discreto y prudente, niega la
comunicación de los terroristas
Los islamistas exhiben fuerza ante otras facciones.
Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI) dio ayer un
paso que aparentemente complica la liberación de
los tres cooperantes catalanes secuestrados el 29 de
noviembre pasado en Mauritania. AQMI exigió la
excarcelación de varios islamistas presos en
Mauritania como condición para liberar a los tres
cooperantes españoles petición no confirmada por
Asuntos Exteriores hasta el punto que el ministro,
Miguel ÁngelMoratinos, aseguró que el Gobierno no
ha recibido "nada" y por tanto no daba "ninguna
credibilidad" a lo que consideró un "rumor".
Moratinos dijo en Córdoba que el Ejecutivo "no tiene
conocimiento en absoluto" de la existencia de un
"supuesto comunicado" de AQMI. El matiz surge
cuando el Gobierno tampoco reconoce las
negociaciones dinerarias con los terroristas.
El caso es que mientras en Madrid se niega la
mayor, es decir, la nueva exigencia de AQMI, el
primer ministro mauritano, Mulay
Uld Mohamed Lagdaf, aseguró el jueves en Nuakchot
que su país "jamás negociaría con los terroristas" la
excarcelación de yihadistas a cambio de la liberación
de rehenes. Frase que delata que en Nuakchot
estaban al tanto del giro de los acontecimientos.
Pese a que una primera interpretación de las nuevas
exigencias sólo puede indicar que los extremistas
magrebíes han endurecido su posición, agentes de
implicados en la operación especulan con otras
interpretaciones menos alarmantes. Dicen que esta
petición puede deberse a una demostración
propagandística de AQMI hacia sus correligionarios
de otros lugares del mundo con el fin de mostrarles
que en esa zona de Áfricatambién son gente dura
que no se conforman sólo con dinero. Según fuentes
conocedoras de las negociaciones: AQMI no exige la
libertad de presos en países de la Unión Europea o
de otros estados en los que la liberación de
condenados es técnicamente inviable.
Es decir, que AQMI habría escuchado la supuesta
advertencia hecha por la comunidad de inteligencia
occidental, adelantada en La Vanguardia, por la que
se limita a AQMI cualquier negociación al pago de un
rescate y a no exigir la libertad de islamistas de
cárceles de la UE. Según las mismas fuentes, las
reglas del juego parecen haber cambiado en público
pero la solución puede seguir siendo únicamente el
pago de un rescate. Un dinero europeo que se
mueve en grandes cantidades por la zona desde hace
meses y que circula entre el principal mediador, un
peculiar industrial francés, y otros tuaregs de los que
no ha trascendido su vinculación con Al Qaeda del
Magreb.
El necesario secretismo oficial por parte de las
autoridades españolas y el lento y alambicado modo
de negociar de los extremistas musulmanes exigen
dosis enormes de paciencia y de prudencia, ya que
los negociadores, cuya existencia no puede ser
admitida de forma oficial por el Gobierno, trabajan
en tierra hostil.
Hasta ahora AQMI había exigido el intercambio del
prisioneros para liberar al francés Pierre Camatte
sobre el que pesaba un ultimátum. Extraoficialmente
puede decirse que Francia respondió con la amenaza
de su fuerza militar al mismo tiempo que negociaba.
Su rehén fue liberado el 23 de febrero pasado
después de que Mali excarcelarse a cuatro
extremistas, a pesar de la protesta del Gobierno de
Mauritania, territorio donde se produjeron los
secuestros.
Y este es otro elemento que considerar en este
complejo rompecabezas: la reacción de los países de
la región ante las excarcelaciones. Argelia y
Mauritania se quejan de la actitud de Mali. Claro que
a Mauritania se le complican las cosas y algo tiene
que sacar en limpio de este drama. Hay que tener
en cuenta que los terroristas también reclaman la
liberación de presos para liberar a los rehenes
italianos Sergio Cicala, de 65 años, y su mujer
Philomene Kabouré, de 39 años, de Burkina Faso,
sobre quienes pesa un ultimátum que venció el
pasado lunes. Ahora, Berlusconi mueve ficha.
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La Vanguardia, Barcelona. |
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LA VANGUARDIA, Barcelona. 6 de marzo de 2010. |
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