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Barcelona sóna(r).
Octubre del 2009.
   
El festival de música electrónica convierte a la
ciudad en la capital del tecnoturismo.

El público del festival no ha conseguido el lleno en
hoteles y pisos turísticos como otros años.

Toda la ciudad está empapelada con carteles que
anuncian la celebración de fiestas electrónicas.

El pinchadiscos madrileño de 39 años HD Substance,
menos conocido como Luis, se toma unas cañas y
unas empanadillas con su amigo David en el
restaurante el Sol de la calle Tallers antes de
marcarse los primeros bailoteos del Sónar en los
diurnos escenarios del Macba-CCCB. Sólo ha faltado
a una edición del festival. “La música electrónica
seria está en crisis en España –dice–. No hay relevo
generacional. Por eso el Sónar ha montado este año
el Sónar Kids, yo mismo hago un taller, para que los
puretas puedan venir con los hijos. Y por eso la
mayoría de los veinteañeros del Sónar son guiris”.

“Una gente majísima –tercian tras la barra Pedro y
Manolo–, con pintas raras pero educados, limpios,
buenos pagadores..., esperamos vender 200
bocadillos diarios. Este es el fin de semana más
importante del año”. “Estos días vendemos tantos
discos como en Navidad –agrega a pocos metros
Albert Salinas en la especializada tienda de vinilos
CD.rome–. El Sónar ha cambiado mucho en los
últimos años, es más comercial, cada año viene más
gente sólo por la fiesta, pero entre ellos también
hay un montón de melómanos, periodistas y gente
de la industria muy entendida que aprovecha estos
días para aprovisionarse. Quizás este año venga
menos gente por la crisis, pero se notarán más
porque hasta hace poco había más festivales en la
ciudad por estas fechas. Precisamente por culpa de
la crisis ya no se hace el Summer- case, el
Daydream...”.

La difícil situación económica también afecta al
Sónar, pero no por ello deja de ser una inyección de
vitalidad. Su público, tradicionalmente cliente de
apartamentos turísticos, aparthoteles, hoteles y
pensiones del centro, no ha conseguido este año el
lleno de pasadas ediciones.

Según Frank Granados, de la Associació
d'Apartaments Turístics de Barcelona, “este año la
ocupación está siendo más floja, como en todos los
acontecimientos de la ciudad”. La caída es de un
diez por ciento, cifra que, con todo, es bienvenida.
Junio está siendo más complicado que mayo.
Apartaments Ramblas, empresa que gestiona 500
pisos turísticos, la mayoría en el Raval y el Gòtic,
contaban ayer con sólo 54 disponibles. “El año
pasado lo teníamos todo lleno. Pero con la que está
cayendo estamos muy satisfechos de la ocupación
que tenemos estos días”.

Hans, Jean, Anneliese y sus gafas de sol
descomunales, fluorescentes decoloraciones y
llamativas camisas que nunca muestran en las
oficinas donde trabajan como pasantes, informáticos
y diseñadores prolongarán su estancia durante una
semana.

“Es que el Sónar es un festival único –retoma HD
Substance–, urbano, sin polvo, nadie duerme debajo
de una furgoneta. Marca el inicio de la temporada,
es un punto de encuentro de la artistas,
distribuidores, sellos, portales de descarga... Estos
días hay un montón de fiestas privadas en hoteles
para que la gente del sector haga negocios. Toda
Barcelona huele a música electrónica. Es una historia
que va más allá del propio festival. Yo esta noche
me voy al Apolo”.

Los comerciantes de las calles Elisabets y Bonsuccés
aprovecharon ayer el tirón y sacaron sus productos a
la calle (los de Tokobongo percusión se marcaron
unas improvisadas notas). Toda Barcelona está
empapelada con carteles que anuncian fiestas
electrónicas.

“El Sónar es cada año más importante, y cada año
genera más alternativas porque hay mucha gente a
la que no nos gusta en lo que se ha convertido –
explica DJ Mahnu desde la tienda de discos del
colectivo Tasmaniac–, que estos días emiten temas
tecno alternativo desde internet. Aquí va a venir a
pinchar gente muy potente. No hay garito en la
ciudad que no programe algo especial. Los nombres
propios no están sólo en el Sónar. Vienen clubbers
de dinero y también gente underground. Vas por la
calle y los ves mezclados. Barna es estos días es la
capital del tecnoturismo”.


   
La Vanguardia, Barcelona.
  LA VANGUARDIA, Barcelona.
19 de junio de 2009.
   
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