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Música para el desarrollo. Gener del 2010. |
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Muchos de estos jóvenes se convierten en líderes
locales de una sociedad civil más organizada y
comprometida.
Hay que quitarse el sombrero ante estas iniciativas
que consiguen hacer florecer asombrosas
experiencias culturales en medio de barrios urbanos
y zonas rurales donde, a primera vista, lo que
predomina es la carestía de lo más básico. Son
como islas de armonía y creatividad que nos
recuerdan el potencial de las personas cuando
logramos canalizar aquello que nos apasiona y da
sentido a nuestra vida.
Ya sea en un barrio conflictivo de Soweto, en algún
slum mísero de Bombay o en una pequeña aldea de
los valles andinos suenan las notas de grupos de
jóvenes y adultos que han hecho de la música, o de
cualquier otra manifestación artística, una bandera
de la dignidad y de la riqueza de expresión de sus
comunidades. Quizás sólo algunas de estas
actividades alcanzan un protagonismo que trasciende
lo local para lograr ser reconocidas en nuestro
mundo global. Pero la mayoría de ellas tiene un gran
impacto en sus comunidades.
A través de la cultura, como nos indica la Unesco,
las personas nos expresamos, tomamos conciencia
de nosotros mismos, buscamos nuevas dimensiones
y creamos obras que nos trascienden. La cultura, y
con ella los valores y la educación, son un
patrimonio que potenciar por todos los pueblos y
constituyen un requisito imprescindible para avanzar
hacia un futuro más humano, digno y justo. Esto es
especialmente cierto en los países en situación de
conflicto o en permanente estado de emergencia, en
los que la cultura parecería ser un complemento
secundario para su desarrollo.
Además de recuperar y fortalecer la riqueza cultural
del país, estas iniciativas tienen la virtud de
contribuir a transformar muchas vidas: niños y
jóvenes consiguen enderezar su trayectoria vital en
zonas donde la droga, la violencia de las bandas
callejeras o la delincuencia son el pan de cada día.
La música les ayuda a aprender y a esforzarse, les
hace descubrir y desarrollar sus talentos, les motiva
a dar lo mejor de sí mismos por algo que les
apasiona y refuerza su autoestima, impulsándoles a
aprovechar las oportunidades que les brinda la vida.
Son cambios personales que inciden también
positivamente en sus comunidades. Con el tiempo,
muchos de estos jóvenes, se convierten en líderes
locales de una sociedad civil más organizada y
comprometida con la mejora de su presente y
futuro.
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La Vanguardia, Barcelona. |
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LA VANGUARDIA, Barcelona. 10 de enero de 2010. |
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