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El tambor de la vida. Gener del 2010 |
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| Aguiluchos, enero 2009. |
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Según una tradición de los banda, pueblo de la
República Centroafricana, la caída de un tambor
provocada por la rotura de una cuerda es lo que
determina el origen del paraíso terrenal.
Entre el pueblo banda está muy extendido el culto a
los espíritus. Con él se quiere proteger la vida del
hombre, sobre todo en los momentos en que está
expuesto a duras pruebas.
Los banda creen en la existencia de un espíritu
burlón y astuto que ha originado numerosos mitos.
Creen también en Ivoro, Ser Supremo cuya imagen
visible está representada por el relámpago y el
huracán.
El protagonista del mito que vamos a contaros es
precisamente Ivoro, el Ser Supremo que confía a
Tere –un demiurgo artífice del universo- la tarea de
organizar la vida en la Tierra. En su bajada al
Planeta no todo resultó bien. Un accidente estuvo a
punto de destruir los planes, pero precisamente eso
fue lo que determinó el nacimiento del mundo.
La alianza.
Tere estaba solo en la Tierra. Un día Ivoro, el Ser
Supremo, le tendió una trampa. Atraído por la
comida, Tere cayó en ella y al intentar librarse se
encontró lanzado al cielo llegando así a la casa de
Ivoro. Allí encontró Tere a las lunas Tedere, Gmba y
Okuru. Tedere, la primera luna, al ver a Tere,
empezó a lanzar unos rayos que lo fulminaron. Pero
el demiurgo se rehizo pronto y para defenderse
empèzó también él a lanzar rayos que abatieron a
Tedere. Terminada la contienda, Tere y Tedere,
viendo que tenían el mismo poder, se reconciliaron.
También las otras dos lunas, Gmba y Okuru, se
lanzaron contra Tere. La batalla arreció como antes,
pero el resultado final fue el mismo y de común
acuerdo las tres lunas decoidieron aliarse con Tere.
Después de comunicar su decisión al demiurgo,
festejó la paz con un gran banquete.
El regreso.
Poco tiempo después, Tere manifestó su deseo de
regresar a la Tierra. Ivoro le dijo: “¿Así es que
quieres volver a tu inhóspito desierto? Bueno pues
llévate un poco de todo lo que tenemos aquí y tu
desierto se transformará en un vergel”.
Entonces proveyeron a Tere de toda clase de
semillas, plantas y animales y le dieron también un
hombre y una mujer, Indanza e Imakolokpo, para
servirle. Después de encerrar toda esta riqueza
dentro de un enorme tambor, Ivoro dijo a Tere:
“Ahora te bajaremos a la Tierra. Tú también te
meterás en el aparato junto a los dones que llevarás
contigo. Cuando nos des la señal de tu llegada con
un golpe del tambor, cortaremos la cuerda por la
que habrás bajado”.
La señal.
Tere comenzó su viaje. La soga que lo bajaba a la
Tierra era cada vez más larga y al alejarse del punto
de partida oía peor la voz de sus amigos. De repente
un animalillo que estaba agarrado a la cuerda se
cayó sobre el tambor y el choque produjo un ruido
que se propagó más allá de las nubes. Al oírlo Ivoro
creyó que era la Planeta destrozándose. Las plantas
se fueron por todas partes, las semillas se
esparcieron a merced del viento, los pájaros echaron
a volar y los animales emprendieron la huida. En
vano intentó Tere retenerlos.
Así tuvieron su origen todos los seres vivientes. Las
plantas y los animales que se esparcieron al caer son
los que ahora pueblan el bosque. Los demás,
detenidos por Tere, son los que se ven hoy en las
aldeas, es decir, todos los animales domésticos y las
plantas cultivadas.
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Aguiluchos. Enero 2009. |
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